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miércoles, 15 de octubre de 2014

Algo Más

Bien, llegamos a mediados de mes y es hora de un relato de mi autoría. Espero que aunque la mayoría de ustedes prefieren los relatos que incluyen solo sexo (o al menos eso indicaron sus respuestas a una pregunta en la página de Facebook) disfruten de este que es algo meloso :P

Algo más

Era divertido ver como Paco conducía la subasta de besos que realizábamos para reunir fondos para nuestra graduación. Yo lo observaba desde el registro civil en compañía de Lula y ambos no podíamos dejar de reír. Mucha gente se estaba acercando, así que parecía que aquello sería un éxito.

En aquellos momentos se encontraba una chica muy linda sobre la plataforma que habían colocado con propósito de la ocasión. Sin embargo, en una escuela donde la mayoría de los estudiantes eran mujeres no parecía haber muchos compradores para los besos de una muchacha.

—Vamos chicos, anímense dijo Paco por el micrófono. ¿Van a dejar pasar esta belleza? A ver tú, el de la camisa azul.

Volteé a ver hacia donde estaba señalando Paco e inmediatamente sentí que los colores se me subían al rostro. Mi corazón empezó a acelerarse y mi respiración se volvió errática.

—¿Es Marco? me preguntó Lula mientras Paco se dirigía hacia él.

Por supuesto que era él. No había otro chico en el planeta que consiguiera ponerme en aquel estado. Aunque mis amigas coincidían en que no estaba feo (a gran diferencia de otros chavos en los que me había fijado en el pasado), no acababan de entender la fascinación que yo sentía por aquel chico de piel morena, ojos oscuros, espaldas anchas y trasero pequeño pero definido. Yo tampoco lo entendía del todo, pero eso no evitaba que mi cuerpo tuviera reacciones extremas.

—Ya te reíste, amigo le dijo Paco parándose junto a él. ¿A poco no te gustaría probar un beso de esos hermosos labios?

—Me temo que no es mi tipo contestó Marco con una risita cuando Paco le puso el micrófono frente a él.

Por supuesto que una chica no era su tipo. Sin embargo, no sabía cuál era su tipo, ya que si bien lo había conocido en un lugar de encuentro nunca lo había visto meterse con nadie. Aparentemente ninguno de los chicos que asistíamos a aquel lugar llenábamos sus expectativas. A mí ya me había rechazado en dos ocasiones, la primera después de haberme prendido y emocionado.

—¿Cómo no va a ser tu tipo? inquirió Paco de forma retórica.

—No me van las chicas contestó Marco alzando los hombros.

Muchos de los presentes se miraron sorprendidos. La verdad era que Marco no era de aquellos chicos a los que se les nota lo gay a primera vista, ya que tenía una imagen muy masculina. Aun así, Paco supo conducir la situación.

—¡Ah! Pues mira, si ese es el caso podemos conseguir a alguien más dijo Paco mientras volteba.

Mi corazón se estrujo al presentir que Paco me estaba buscando a mí. Era el único chico gay presente que conocía. Pero ¿a quién se le ocurriría ofrecerme en subasta al hombre que me volvía loco? Si bien Paco no lo sabía, aquello no dejaba de ser irónico.

—Pues mira, tenemos aquí a nuestro juez del registro civil —presentó Paco señalándome y mientras yo sentía que mi rostro brillaba como un semáforo indicando el alto. Ahí como lo ves dicen que besa bastante bien, aunque no lo teníamos en el inventario porque no es la clase de mercancía que se les pueda vender a las chicas.

Marco hizo una mueca con la boca al reparar en mí. Aparentemente no se dio cuenta de que Paco le puso el micrófono en la boca, ya que habló prácticamente en un susurro que no se hubiera oído sin la amplificación.

—Puedo tenerlo gratis cuando quiera.

Aquello originó una cascada de risas, exclamaciones de sorpresa y burlas mientras todo mundo se enfocaba en mí. Yo solo quería que la Tierra me tragara en ese momento, aunque de reojo me pareció ver que Marco se arrepentía de que aquello hubiera sido escuchado por todo el mundo.

——♉——

Una semana había transcurrido desde el asunto de la subasta de besos. Sabía que me estaba comportando de una manera paranoica al evitar los lugares concurridos porque, la verdad, la mayoría de la gente no me prestaba atención, pero es que había unas cuantas personas que aún me veían y reían, y otro par de chicos que cada vez que me veían sonreían como si me insinuaran algo más. Pero yo no quería nada con ninguno de ellos. Ahora solo había un hombre con el que quería estar, un chico que lamentablemente no parecía sentir lo mismo por mí.

—¡Maldita sea! exclamé para mí mismo mientras caminaba hacia el baño.

¿Qué tenía Marco que no tuvieran otros chicos? ¿Por qué se había convertido en el único hombre que ansiaba acariciar y estrechar entre mis brazos, cuya piel deseaba saborear en cada centímetro cuadrado y cuyo respiro moría por sentir sobre mi piel mientras susurraba mi nombre con pasión? La verdad, aquello iba más allá de desear un momento juntos. Lo que de verdad quería era conocerlo y, de ser posible, convertirme en aquella persona especial que compartiera con él toda su vida.

Las lágrimas acudieron sin demora a mis ojos. Pero más que lágrimas de tristeza se trataba de lágrimas de rabia. Estaba furioso conmigo mismo por haberme fijado de esa manera en un chico que no mostraba el más mínimo interés por mí.

Las lágrimas me nublaban la vista mientras me dirigía hacia el baño, así que no vi a la persona que venía en dirección contraria hasta que choqué contra ella.

—Lo siento alcancé a murmurar mientras retrocedía un paso.

—¿Te encuentras bien? me preguntó aquella persona en tono neutro con una voz indudablemente varonil.

Un escalofrío recorrió mi columna vertebral, ocasionado por algo relacionado con esa voz. Me sequé las lágrimas con una mano para poder enfocar a la persona que tenía frente a mí. En cuanto lo hube logrado mi corazón dio un vuelco. Ahí frente a mí se encontraba la imagen de mis sueños, aquel chico de piel morena coprotagonista de todas mis fantasías.

Aquel pensamiento solo hizo que mi enojo se intensificara, especialmente porque él ni siquiera me veía directamente, si no que tenía la vista fija en algún lugar cercano a mi hombro derecho.

—¡Tú! exclamé dejando que mi enojo saliera por completo. ¿Cómo se te ocurrió decir algo como eso?

—¿Acaso no es cierto? —interrogó él.

Quise desmentirlo, gritarle que jamás me metería con alguien como él, pero eso hubiera sido la más grande mentira que habría dicho en mi vida. La verdad es que hasta me creía capaz de pagar yo con tal de estar con él. Pero en ese momento me conformé con contestarle:

—¡Ese no es el punto!

—Entonces, ¿cuál es? me preguntó él volteándome a ver directamente.

—¡Qué me hiciste pasar por la mayor vergüenza de mi vida! le exclamé antes de razonarlo con detenimiento. ¿No te parece suficiente lo estúpido que parezco muriéndome por ti mientras tú me ignoras porque no sientes nada por mí?

—Te equivocas —contestó él clavando su mirada en el suelo.

Aquello me desconcertó por completo, con lo cual mi enojo desapareció repentinamente.

—¿A qué te refieres? le pregunté.

—Te equivocas si crees que esa es la razón por la que finjo ignorarte me respondió él.

Me le quedé viendo con mirada inquisitiva. ¿Realmente había utilizado la palabra “finjo”?

Él inhaló profundamente antes de continuar hablando.

—Me gustas demasiado, Gerardo, desde la primera vez que te vi —confesó él. Temo que si te presto demasiada atención o me meto contigo acabaré por enamorarme de ti y no es algo que quiera hacer. Prefiero no enamorarme para evitar desilusiones futuras cuando me pongan el cuerno o me digan “yo solo quería sexo”.

No podía creer lo que estaba escuchando. ¿Marco tenía miedo de enamorarse de mí? ¿Aquel chico que me traía loco realmente sentía algo por mí? Aquello debía ser una broma, porque sonaba totalmente surrealista.

Y tristemente tuve la punzada de que aquello era precisamente una broma, lo cual hizo que las lágrimas acudieran nuevamente a mis ojos.

—¿No te cansas de lastimarme? le pregunté.

—¿De qué estás hablando? —inquirió él volviéndome a mirar el rostro.

No hice ningún intento por enjugarme las lágrimas, porque de todas formas surgirían más.

—¿Enamorarte de mí? ¡Por favor! le dije. Soy yo quien se muere por conocerte, quien cada vez que te ve pierde la respiración y se le desboca el corazón. Soy yo quien no duerme en las noches por pensar en ti, a quien ya no le interesa ningún otro chavo que no seas tú ni en lo sexual ni en lo sentimental. Soy yo quien daría todo por verte sonreír, por perderme en tus ojos, por simplemente rozar tu mano...

Lo último lo dije chillando prácticamente. No podía evitar los sollozos que surgían de mi garganta, ni que mi cuerpo temblara sin control mientras las lágrimas corrían por mis mejillas.

—Gerardo... dijo él a media voz.

—Soy yo quien siente todo eso continué yo. ¿Y tú me quieres hacer creer que tienes miedo de enamorarte de mí? Entonces tal vez te gustaría explicarme cómo le hago para olvidarme de ti, porque ni tu actitud indiferente ni tu rechazo han evitado que yo sienta todo esto. Hablas de enamorarte de mí, pero me temo que no tienes la menor idea de lo que eso significa.

—¿Crees que no sé lo que significa? cuestionó él con la voz alterada por primera vez desde que lo había conocido. ¿Crees que yo no me siento nervioso cada vez que te veo? ¿Que no me muero por voltear a verte y perderme en tu mirada? ¿Que no sueño con estar contigo una noche y más que eso?

—Nunca has hecho nada que me dé esa impresión le contesté secándome las mejillas.

—¿Quieres que haga algo que te lo demuestre? —inquirió él tomándome de los brazos.

Antes de que pudiera responder algo él me besó. Sus labios chocaron contra los míos con algo de brusquedad, porque él parecía algo desesperado, como si se hubiera estado conteniendo por mucho tiempo de hacer eso. Sin embargo, no pude reflexionar mucho sobre eso, porque estaba experimentando una sensación que nunca antes había sentido. Sus labios se acoplaban con naturalidad a los míos, produciendo una explosión de placer que recorría mi cuerpo entero y hacía que cada una de mis células deseara estar en contacto con el cuerpo de Marco. Mis brazos se alzaron para cruzarse por detrás de su espalda y atraerlo hacia mí mientras mi cuerpo se repegaba contra el suyo encajando de forma perfecta, como si hubiéramos sido hechos el uno para el otro.

Sus labios tardaron un rato en despegarse de los míos, pero cuando finalmente lo hicieron tomó mi rostro entre sus manos y con lágrimas en los ojos pero también con una esplendorosa sonrisa me dijo:

—Me gustas, tontito, me gustas como nunca me ha gustado alguna otra persona.

Y le creí. Le creí mientras sus labios se posaban ahora con más dulzura sobre los míos, dándome un beso más tierno al principio, mientras su aliento se mezclaba con el suyo y mi lengua se encontraba tímidamente con la suya. Le creí mientras él me jalaba suavemente hacia el baño para después meternos a un cubículo y quedar arrejuntados en el espacio que quedaba entre el inodoro y la puerta.

Sus manos se metieron por debajo de mi playera, provocando escalofríos en cada pedazo de piel que tocaban. Yo me las arreglé para meter mis manos entre nosotros y comenzar a desabrochar su camisa. No éramos nosotros quienes hacían todo aquello, era el deseo contenido por mucho tiempo en nuestros corazones, el deseo de poseer y entregarte a una persona especial.

Mis labios recorrieron el trecho que había entre su boca y su barbilla, la cual él levantó para darme más fácil acceso. Era una sensación curiosa la que originaba su barba que volvía a crecer después de una rasurada. Mi boca se deslizó por la línea de su mandíbula lentamente para finalmente llegar a su oreja al mismo tiempo que terminaba de desabrochar el último de los botones de su camisa. Mi lengua comenzó a recorrer las líneas de su oído apoderándose de cada rincón mientras mis manos recorrían aquel fabuloso abdomen con el que siempre había soñado.

Marco no se quedó atrás. Mientras yo besaba su oreja y él me seguía acariciando por debajo de la playera se acomodó de tal manera que sus labios tenían contacto con mi cuello. Lo besaba, lo recorría suavemente con la lengua, me mordía ligeramente y en un momento hizo un movimiento de succión que estaba seguro que me dejaría marca.

—Ay me quejé sin poderlo evitar mientras soltaba su oído.

—¿Qué sucede? me preguntó él con una pícara sonrisa mientras ponía su rostro frente al mío.

—Sé más cuidadoso, por favor le pedí sintiendo que me perdía en su mirada.

—Lo intentaré contestó él mientras sus manos se deslizaban hacia arriba arrastrando la playera en el camino.

Levanté mis brazos para que él pudiera sacar la playera por completo, dejando a la vista mi cuerpo delgado. Si bien no tenía muchos músculos que se marcaran estaba orgulloso de mi abdomen plano y mi cintura definida. Marco parecía maravillado ante la escena.

Yo también tenía ganas de descubrir que tenía debajo de la ropa. Su camisa colgaba de manera que no dejaba ver mucho, así que la tomé de los bordes para jalarla hacia atrás y podérsela quitar.

Me gustó lo que vi. Pectorales definidos y cintura que se estrechaba, aunque no tan delgada como la mía. Y todo en aquel impactante tono moreno que tanto me gustaba. Toqué tímidamente su pecho con mis manos. Aún me costaba creer que todo eso estuviera frente a mí.

—¿En qué piensas? me preguntó él acariciando mi mejilla.

—Todo esto me parece un sueño le contesté.

—En todo caso un sueño hecho realidad me respondió él.

Sin despegar su mano de mi mejilla me volvió a besar. Esta vez nuestras lenguas fueron más atrevidas, casi como si quisieran conocer la cavidad oral del otro por completo. Además, la sensación de mi piel contra la suya era sumamente placentera y cada roce de nuestros brazos, pechos y abdómenes producía una descarga eléctrica que parecía conducirse directamente a nuestras entrepiernas, originando que algo en la zona reaccionara y comenzara a ganar dureza.

—Llevo soñando con esto tanto tiempo le susurré mientras mis labios recorrían su cuello hasta llegar a su clavícula.

Él presionó mis brazos entre sus dedos mientras soltaba un ligero gemido. Evidentemente le gustaba. Hice que mis manos recorrieran aquel vientre a lo largo y ancho, entreteniéndose con los pocos vellos que corrían debajo de su ombligo, justamente hasta toparme con su pantalón. Tomé su cinturón para desabrocharlo, pero él me detuvo tomándome de las manos.

—Espera, quiero hacer algo antes de eso me dijo con una sonrisa bastante coqueta.

No pude hacer más que dejarlo hacer mientras él me hacía dar vuelta y se repegaba contra mi espalda mientras me abrazaba por la cintura. Él inhaló y exhaló con fuerza justamente contra mi nuca produciéndome una sensación placentera con su aliento que se mezclaba entre mis cabellos. Además, debía confesar que me excitaba grandemente sentir aquel rico bulto pegándose contra mi trasero. Nunca un pene me había prendido de aquella manera sin siquiera salir de su pantalón.

—Me gusta tu espalda me dijo Marco tras separarse un poco, aunque guardando el contacto con mi trasero.

Sus dedos recorrieron mi columna vertebral con suavidad y yo no pude evitar retorcerme un poco mientras un suspiro de satisfacción surgía de entre mis labios. Aquella siempre había sido mi zona erógena por excelencia. Él soltó una ligera risita mientras sus manos recorrían mi espalda. El placer era sencillamente increíble y no sabía bien si quería huir de eso o continuar sintiéndolo. Era demasiado placentero y no estaba seguro de poder manejarlo. ¿Podría haber algo que me gustara más que eso?

Quizás su lengua deslizándose por mi espalda sería la respuesta a esa pregunta. Solté un fuerte gemido mientras me repegaba contra el muro intentando escapar de aquello, pero él me siguió, aparentemente indispuesto a separar su boca de mi piel. Yo empecé a gemir sin pudor con fuerza mientras su boca recorría suavemente mi espalda hacia abajo, y fue una suerte que no hubiera nadie más en el baño. O quizás la fortuna había sido que quien quiera que estuviera presente había decidido hacerse de la vista gorda.

Él recorrió de regreso el camino desde mi espalda baja hasta mi cuello, tras lo cual volvió a repegarse contra mí y colocó su boca cerca de mi oído.

—¿Quién diría que tienes una espalda tan sensible? dijo él mientras que con su simple aliento me provocaba escalofríos.

De hecho, él era la segunda persona que lo descubría y la primera no lo había logrado tan rápidamente.

—Date la vuelta, por favor me pidió él tomándome de la mano.

Yo me di la vuelta mientras él se sentaba sobre el retrete. Al verlo ahí con el torso desnudo pensé que nunca en la vida había visto nada tan sexy como eso.

Él puso sus manos sobre la abertura de mi pantalón y, mientras que con una mano desabrochaba el botón, con la otra bajó la cremallera con un movimiento fluido.

—Me pregunto si serás tan sensible en esta zona como lo eres en la espalda —expresó Marco acariciando mi pene, el cual ya se encontraba totalmente duro, por arriba del bóxer.

—Un poco menos le contesté yo mientras me perdía en sus ojos oscuros.

Él tomó el borde de mi pantalón y bóxer para bajarlos al mismo tiempo, dejando libre y apuntando hacia arriba a mi pene erecto. Él lo agarró con una de sus manos y jaló el prepucio completamente hacia atrás mientras lo contemplaba con fascinación. Mi pene no será muy grande, pero ya me habían dicho que tenía buena forma y grosor. A mí en lo personal me gustaba y aparentemente a Marco también.

Él sostuvo mi tronco con su mano derecha mientras acercaba lentamente su boca a mi glande. Sacó su lengua de tal manera que aquello fue lo primero en hacer contacto con mi pene. Empezó con suaves lamidas en toda la superficie del glande deleitándose con aquello. Movió su lengua alrededor del orificio de mi uretra para después intentar meterla por ahí. Nunca me habían hecho algo como eso y mi pene intentó dar una ligera sacudida por el gusto.

Después de eso él formó una O con sus labios mientras bajaba la mano hacia la base de mi polla e introducía esta en su boca. Mi pequeño amigo sintió en cada centímetro de su superficie sus dulces labios mientras se perdía dentro de aquella cavidad oral húmeda y cálida. Además, resultó que su lengua se movía tan bien adentro como lo hacía afuera, por lo que la sensación era realmente magnífica. Tanto, que cerré mis ojos para poder concentrarme más en ella y eché la cabeza involuntariamente hacia atrás al mismo tiempo que mis manos buscaban la pared a mi espaldas para tener un punto de apoyo.

Mi polla terminó de entrar completamente en su boca. Quizás fuera que lo había hecho lentamente o que Marco tenía práctica con aquello, pero en ningún momento me dio la impresión de que tuviera arcadas o algo así. Yo no lo obligaba a nada y aún así tenía su nariz pegada a mi pubis, mientras su lengua se enrollaba con maestría alrededor de mi tronco encerrado en su boca.

Sentí su cabeza retirarse mientras la punta de su lengua presionaba la línea inferior de mi pene. Se movió hasta solo tener la cabeza dentro de su boca. Yo abrí los ojos y volteé a verlo. Se veía tremendamente erótico así, con mi glande dentro y su tierna mirada clavada en mis ojos. Y el tacto de su lengua moviéndose nuevamente en la superficie de mi glande era también igual de placentero.

Sus labios volvieron a recorrer el camino hacia mi pubis y yo volví a cerrar los ojos embriagado por la sensación. Pero eso no era todo. Sentí también como una de sus manos se deslizaba por mi pierna, después por mi nalga hasta rozar con sus dedos mi orificio anal. Acarició mi pequeño agujero con uno de sus dedos mediante movimientos circulares, primero muy ligeros pero con un aumento de presión gradual, lo cual llevó finalmente a que mis músculos se distendieran y su dedo pudiera comenzar a entrar en mi interior. Era algo molesto sin lubricación aparte, pero mi nivel de excitación estaba tan alto que no me importó sentir como su dedo se hundía lentamente en mí.

Mientras aquello acontecía su boca volvió a separarse de la base de mi pene, esta vez para que éste saliera por completo de su interior. Pero no fue desagradable porque se puso a lamer mi tronco hacia abajo, dirigiéndose hacia mis testículos. Su lengua recorrió suavemente cada una de mis bolas, lo cual se lo agradecí porque tenía una gran sensibilidad en la zona. No ansiaba que ocurriera lo que había sucedido con la espalda.

Con cuidado se metió cada uno de mis testículos a su boca, saboreándolos y dejando mis vellos púbicos impregnados de saliva. Aparentemente tenía la boca hecha agua de manera literal. Primero fue el derecho y luego el izquierdo, para luego intentarlo con los dos al mismo tiempo.

Pero aquello no fue lo único que involucró pares en ese momento. Gemí con fuerza mientras un segundo dedo se abría paso en mi interior acompañando al primero. Creo que si en ese momento no se hubiera puesto a acariciarme con la mano que tenía libre una de mis piernas aquello habría perdido el componente placentero. Pero su mano acariciando mi pierna con firmeza y su boca masajeando suavemente mis testículos bastaron para mantener excitado.

Él giró lentamente sus dedos dentro de mí, primero para un lado y luego para el otro. Quizás haya sido solo la impresión, pero en ese momento hubiera jurado que también se clavaron más dentro de mí mientras él separaba su boca de mis genitales.

Nuestras miradas se cruzaron mientras yo gemía levemente a causa de las cosquillas placenteras que sentía en mi recto, causadas por el movimiento de sus dedos.

—Tengo ganas de penetrarte me dijo.

—Sería un placer le contesté sintiendo un escalofrío que recorría mi médula, el cual fue especialmente fuerte al final de esta.

Él torció el gesto mientras sacaba con cuidado sus dedos de mi interior.

—No traigo condones comentó él en tono frustrado. No tenía ni idea de que algo así sucedería.

Preocupado por la protección. Aquel chico cada vez me gustaba más. Me había topado con otros hombres que con la calentura del momento se olvidaban del condón o hacían caso omiso de él a propósito.

—Bueno, estamos de suerte porque yo no salgo sin esto dije sacando mi condonera.

Su rostro se iluminó mientras se ponía de pie, originando que mi corazón diera un vuelco. Realmente Marco podía emocionarme con cualquier pequeña cosa que hiciera, ya fuera una sonrisa, una mirada, una caricia o simplemente parándose frente a mí con aquel cuerpo que me fascinaba.

Él empezó a desatarse el cinturón para que después yo le ayudara a bajarse el pantalón. Llevaba una trusa que resultaba tremendamente sexy al dejar ver sus piernas macizas y resaltar su pene totalmente erecto.

Sonreí con esa imagen, él hizo lo mismo y después me besó con sus dulces labios, que permitían el acceso de mi lengua para enredarse con la suya. Nuestros cuerpos quedaron pegados, nuestros penes rozándose con solo la tela de su ropa interior de por medio, la cual desapareció tras un ligero movimiento que él realizó con su mano. Su pene se introdujo en el hueco que quedaba entre mis piernas, rozándome el perineo. Yo recorrí su espalda con mis manos hasta llegar a aquel traserito que me volvía loco. Mis dedos se deleitaron recorriendo su superficie y aquello se volvió el paraíso cuando él empezó a realizar movimientos hacia enfrente y hacia atrás con su cadera. No solo era su pene frotándose entre mis piernas y mi perineo, también era la sensación en mi polla cuando su abdomen la presionaba contra mí además de su boca recorriendo la mía.

—Podría estar así por siempre me dijo él mientras nos dejábamos de besar, pero sin perder el contacto con el resto del cuerpo.

—¿Y qué pasó con la idea de penetrarme? le pregunté pegando mi nariz a la suya. Digo, no es que me queje, porque la verdad esto se siente de maravilla.

Él solo me sonrió antes de separarse de mí para hacerme dar la vuelta. Le pasé el condón y él se lo colocó con cuidado. Yo puse mis manos contra el muro para tener donde apoyarme y él guió con cuidado su pene hacia mi pequeño agujero. Sentí como su glande rozaba mi orificio anal y sentí que mi cuerpo temblaba, aunque no sabía si de emoción, miedo o placer. Marco empezó a aplicar presión, hasta que su amiguito comenzó a entrar en mi recto.

Mentiría si dijera que aquello fue totalmente placentero. Sí, había placer, pero iba acompañado de molestias y algo de dolor mientras cada centímetro de su polla se perdía dentro de mí. Sin embargo, ni él se detuvo ni yo hice nada por detenerlo hasta que sentí que sus caderas chocaban con mi trasero. Tenía su pene totalmente dentro de mí y, aunque sentía una ligero de ardor, también tenía cierta sensación de plenitud que nunca había experimentado.

Temí que fuera a empezar rápidamente con el mete y saca, pero Marco no hizo intento de salir de mi interior. En lugar de eso me abrazó por la cintura y recargó todo su cuerpo en mi espalda, pegando su boca en mi cuello.

—Nunca había sentido algo como esto —comentó él mientras su aliento me acariciaba el cuello.

Creía saber a qué se refería. El sexo era placentero por sí mismo, yo lo había descubierto con otros hombres, pero ahí había algo más, un saborcito que jamás había experimentado. Como las especias que agregas a un platillo; el platillo era el mismo, pero había algo más que realzaba el sabor y lo volvía algo soberbio.

Sin retirarse de mi espalda él comenzó a sacar lentamente su pene de mi interior. Sentí que salía casi por completo antes de volverse a introducir hasta el fondo. Primero lo hizo lentamente, pero cada vez que lo hacía aumentaba la velocidad. Me sentí transportado al cielo y me hubiera encantado que su pene pudiera clavarse más dentro de mí.

Una de sus manos se movió dirigiéndose hacia mi entrepierna para tomar mi pene, el cual se encontraba totalmente erecto. Aquello no sucedía muy a menudo cuando la hacía de pasivo. Podía mantenerlo semierecto, pero rara vez tan duro como lo tenía en ese momento.

Marco comenzó a masturbarme al mismo ritmo que me penetraba. Mi respiración se aceleró como nunca lo había hecho y me hubiera gustado en ese momento permanecer así por siempre. No obstante, un calorcito empezó a expandirse por todo mi cuerpo y, aunque intenté contenerme, no podía luchar contra el placer que me producía su cuerpo unido al mío de manera tan íntima, por lo que acabé eyaculando con fuerza sobre su mano. Él siguió frotando mi pene hasta que la última gota de semen hubo salido.

Inhalé profundamente esperando sentir el descenso de mi placer mientras Marco me seguía penetrando. Después de todo, aquello era lo que le sucedía a cualquier hombre, ¿no? Sin embargo, aquello no ocurrió. Si bien no era tan poderoso como en el clímax, el placer se encontraba todavía presente mientras él me seguía penetrando.

Marco hizo unos cuantos movimientos más, hasta que enterró su pene lo más hondo que pudo en mi culito y me abrazaba con fuerza. Pude sentir con claridad las pequeñas convulsiones que indicaban que se estaba viniendo dentro de mí.

Su respiración comenzó a normalizarse, aunque él no hizo ningún movimiento para salir de mí ni yo quería que lo hiciera. Se estaba muy a gusto con sus brazos rodeándome y su pene y mi culo conectados.

—¿Ahora me crees que quería estar contigo? me preguntó él quedamente al oído.

—Sí le respondió mientras le acariciaba los brazos. Espero que esta haya sido la primera de muchas.

—De toda una vida afirmó él mientras sentía su barbilla sobre mi hombro.

En esa posición era difícil voltearlo a ver directamente, pero hice lo posible para intentarlo hasta que su mirada se topó con la mía. Sus ojos brillaban de una manera especial al mirarme y estaba seguro de que mi mirada era muy parecida.

Sonaba bien aquello de toda una vida. Y quizás aquel día aún quedara tiempo para la segunda de todas las veces que lo haríamos.

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Bueno, ahí estuvo el relato de este mes. ¿Qué les pareció?

Sé que les debo la continuación de la primera parte del relato que publiqué el mes pasado, pero preferí publicar este porque la fecha es muy especial para mí. De hecho, este relato lo publiqué justamente hace dos años por primera vez, porque hace cuatro años exactamente conocí a la persona que inspiró este relato. Esa es la razón por la que me salió tan meloso, porque él era un chico con el que no quería solo sexo (aunque también lo quería :P).

Recuerdo que cuando lo escribí un amigo me dijo que las lágrimas en el relato estaban algo demás. ¿Ustedes están de acuerdo con ello? Yo ahora que lo releo creo que mi amigo tenía razón. Digo, me encanta la escena del sexo, pero antes de eso si hay cosas que digo "¿Qué demonios tenía en la cabeza?".

Quizás fuera que aquel chavo en realidad me gustaba. Lamentablemente nunca pude cumplir ninguna de mis fantasías con él. Pero bueno, dicen que las cosas pasan por una razón. Tal vez nunca hice todo lo que quería con él, pero actualmente he conseguido muchas de esas cosas con mi actual novio :3 De hecho, eso fue algo muy curioso el releer este relato y darme cuenta que todas aquellas sensaciones que solo eran fantasía hace dos años se han vuelto una realidad ahora en compañía de mi novio :D

Espero que ustedes tengan alguien que los haga sentir así ;)

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