Algo más
Era divertido ver como Paco conducía la subasta de besos que
realizábamos para reunir fondos para nuestra graduación. Yo lo
observaba desde el registro civil en compañía de Lula y ambos no
podíamos dejar de reír. Mucha gente se estaba acercando, así que
parecía que aquello sería un éxito.
En aquellos momentos se encontraba una chica muy linda sobre la
plataforma que habían colocado con propósito de la ocasión. Sin
embargo, en una escuela donde la mayoría de los estudiantes eran
mujeres no parecía haber muchos compradores para los besos de una
muchacha.
—Vamos chicos, anímense —dijo
Paco por el micrófono—.
¿Van a dejar pasar esta belleza? A ver tú, el de la camisa azul.
Volteé a ver hacia donde estaba señalando Paco e inmediatamente
sentí que los colores se me subían al rostro. Mi corazón empezó a
acelerarse y mi respiración se volvió errática.
—¿Es Marco? —me
preguntó Lula mientras Paco se dirigía hacia él.
Por supuesto que era él. No había otro chico en el planeta que
consiguiera ponerme en aquel estado. Aunque mis amigas coincidían en
que no estaba feo (a gran diferencia de otros chavos en los que me
había fijado en el pasado), no acababan de entender la fascinación
que yo sentía por aquel chico de piel morena, ojos oscuros, espaldas
anchas y trasero pequeño pero definido. Yo tampoco lo entendía del
todo, pero eso no evitaba que mi cuerpo tuviera reacciones extremas.
—Ya te reíste, amigo —le
dijo Paco parándose junto a él—.
¿A poco no te gustaría probar un beso de esos hermosos labios?
—Me temo que no es mi tipo —contestó
Marco con una risita cuando Paco le puso el micrófono frente a él.
Por supuesto que una chica no era su tipo. Sin embargo, no sabía
cuál era su tipo, ya que si bien lo había conocido en un lugar de
encuentro nunca lo había visto meterse con nadie. Aparentemente
ninguno de los chicos que asistíamos a aquel lugar llenábamos sus
expectativas. A mí ya me había rechazado en dos ocasiones, la
primera después de haberme prendido y emocionado.
—¿Cómo no va a ser tu tipo? —inquirió
Paco de forma retórica.
—No me van las chicas —contestó
Marco alzando los hombros.
Muchos de los presentes se miraron sorprendidos. La verdad era que
Marco no era de aquellos chicos a los que se les nota lo gay a
primera vista, ya que tenía una imagen muy masculina. Aun así, Paco
supo conducir la situación.
—¡Ah! Pues mira, si ese es el caso podemos conseguir a alguien más
—dijo
Paco mientras volteba.
Mi corazón se estrujo al presentir que Paco me estaba buscando a mí.
Era el único chico gay presente que conocía. Pero ¿a quién se le
ocurriría ofrecerme en subasta al hombre que me volvía loco? Si
bien Paco no lo sabía, aquello no dejaba de ser irónico.
—Pues mira, tenemos aquí a nuestro juez del registro civil
—presentó
Paco señalándome y mientras yo sentía que mi rostro brillaba como
un semáforo indicando el alto—.
Ahí como lo ves dicen que besa bastante bien, aunque no lo teníamos
en el inventario porque no es la clase de mercancía que se les pueda
vender a las chicas.
Marco hizo una mueca con la boca al reparar en mí. Aparentemente no
se dio cuenta de que Paco le puso el micrófono en la boca, ya que
habló prácticamente en un susurro que no se hubiera oído sin la
amplificación.
—Puedo tenerlo gratis cuando quiera.
Aquello originó una cascada de risas, exclamaciones de sorpresa y
burlas mientras todo mundo se enfocaba en mí. Yo solo quería que la
Tierra me tragara en ese momento, aunque de reojo me pareció ver que
Marco se arrepentía de que aquello hubiera sido escuchado por todo
el mundo.
——♉——
Una semana había transcurrido desde el asunto de la subasta de
besos. Sabía que me estaba comportando de una manera paranoica al
evitar los lugares concurridos porque, la verdad, la mayoría de la
gente no me prestaba atención, pero es que había unas cuantas
personas que aún me veían y reían, y otro par de chicos que cada
vez que me veían sonreían como si me insinuaran algo más. Pero yo
no quería nada con ninguno de ellos. Ahora solo había un hombre con
el que quería estar, un chico que lamentablemente no parecía sentir
lo mismo por mí.
—¡Maldita sea! —exclamé
para mí mismo mientras caminaba hacia el baño.
¿Qué tenía Marco que no tuvieran otros chicos? ¿Por qué se había
convertido en el único hombre que ansiaba acariciar y estrechar
entre mis brazos, cuya piel deseaba saborear en cada centímetro
cuadrado y cuyo respiro moría por sentir sobre mi piel mientras
susurraba mi nombre con pasión? La verdad, aquello iba más allá de
desear un momento juntos. Lo que de verdad quería era conocerlo y,
de ser posible, convertirme en aquella persona especial que
compartiera con él toda su vida.
Las lágrimas acudieron sin demora a mis ojos. Pero más que lágrimas
de tristeza se trataba de lágrimas de rabia. Estaba furioso conmigo
mismo por haberme fijado de esa manera en un chico que no mostraba el
más mínimo interés por mí.
Las lágrimas me nublaban la vista mientras me dirigía hacia el
baño, así que no vi a la persona que venía en dirección contraria
hasta que choqué contra ella.
—Lo siento —alcancé
a murmurar mientras retrocedía un paso.
—¿Te encuentras bien? —me
preguntó aquella persona en tono neutro con una voz indudablemente
varonil.
Un escalofrío recorrió mi columna vertebral, ocasionado por algo
relacionado con esa voz. Me sequé las lágrimas con una mano para
poder enfocar a la persona que tenía frente a mí. En cuanto lo hube
logrado mi corazón dio un vuelco. Ahí frente a mí se encontraba la
imagen de mis sueños, aquel chico de piel morena coprotagonista de
todas mis fantasías.
Aquel pensamiento solo hizo que mi enojo se intensificara,
especialmente porque él ni siquiera me veía directamente, si no que
tenía la vista fija en algún lugar cercano a mi hombro derecho.
—¡Tú! —exclamé
dejando que mi enojo saliera por completo—.
¿Cómo se te ocurrió decir algo como eso?
—¿Acaso no es cierto? —interrogó
él.
Quise desmentirlo, gritarle que jamás me metería con alguien como
él, pero eso hubiera sido la más grande mentira que habría dicho
en mi vida. La verdad es que hasta me creía capaz de pagar yo con
tal de estar con él. Pero en ese momento me conformé con
contestarle:
—¡Ese no es el punto!
—Entonces, ¿cuál es? —me
preguntó él volteándome a ver directamente.
—¡Qué me hiciste pasar por la mayor vergüenza de mi vida! —le
exclamé antes de razonarlo con detenimiento—.
¿No te parece suficiente lo estúpido que parezco muriéndome por ti
mientras tú me ignoras porque no sientes nada por mí?
—Te equivocas —contestó
él clavando su mirada en el suelo.
Aquello me desconcertó por completo, con lo cual mi enojo
desapareció repentinamente.
—¿A qué te refieres? —le
pregunté.
—Te equivocas si crees que esa es la razón por la que finjo
ignorarte —me
respondió él.
Me le quedé viendo con mirada inquisitiva. ¿Realmente había
utilizado la palabra “finjo”?
Él inhaló profundamente antes de continuar hablando.
—Me gustas demasiado, Gerardo, desde la primera vez que te vi
—confesó
él—.
Temo que si te presto demasiada atención o me meto contigo acabaré
por enamorarme de ti y no es algo que quiera hacer. Prefiero no
enamorarme para evitar desilusiones futuras cuando me pongan el
cuerno o me digan “yo solo quería sexo”.
No podía creer lo que estaba escuchando. ¿Marco tenía miedo de
enamorarse de mí? ¿Aquel chico que me traía loco realmente sentía
algo por mí? Aquello debía ser una broma, porque sonaba totalmente
surrealista.
Y tristemente tuve la punzada de que aquello era precisamente una
broma, lo cual hizo que las lágrimas acudieran nuevamente a mis
ojos.
—¿No te cansas de lastimarme? —le
pregunté.
—¿De qué estás hablando? —inquirió
él volviéndome a mirar el rostro.
No hice ningún intento por enjugarme las lágrimas, porque de todas
formas surgirían más.
—¿Enamorarte de mí? ¡Por favor! —le
dije—.
Soy yo quien se muere por conocerte, quien cada vez que te ve pierde
la respiración y se le desboca el corazón. Soy yo quien no duerme
en las noches por pensar en ti, a quien ya no le interesa ningún
otro chavo que no seas tú ni en lo sexual ni en lo sentimental. Soy
yo quien daría todo por verte sonreír, por perderme en tus ojos,
por simplemente rozar tu mano...
Lo último lo dije chillando prácticamente. No podía evitar los
sollozos que surgían de mi garganta, ni que mi cuerpo temblara sin
control mientras las lágrimas corrían por mis mejillas.
—Gerardo... —dijo
él a media voz.
—Soy yo quien siente todo eso —continué
yo—.
¿Y tú me quieres hacer creer que tienes miedo de enamorarte de mí?
Entonces tal vez te gustaría explicarme cómo le hago para olvidarme
de ti, porque ni tu actitud indiferente ni tu rechazo han evitado que
yo sienta todo esto. Hablas de enamorarte de mí, pero me temo que no
tienes la menor idea de lo que eso significa.
—¿Crees que no sé lo que significa? —cuestionó
él con la voz alterada por primera vez desde que lo había
conocido—.
¿Crees que yo no me siento nervioso cada vez que te veo? ¿Que no me
muero por voltear a verte y perderme en tu mirada? ¿Que no sueño
con estar contigo una noche y más que eso?
—Nunca has hecho nada que me dé esa impresión —le
contesté secándome las mejillas.
—¿Quieres que haga algo que te lo demuestre? —inquirió
él tomándome de los brazos.
Antes de que pudiera responder algo él me besó. Sus labios chocaron
contra los míos con algo de brusquedad, porque él parecía algo
desesperado, como si se hubiera estado conteniendo por mucho tiempo
de hacer eso. Sin embargo, no pude reflexionar mucho sobre eso,
porque estaba experimentando una sensación que nunca antes había
sentido. Sus labios se acoplaban con naturalidad a los míos,
produciendo una explosión de placer que recorría mi cuerpo entero y
hacía que cada una de mis células deseara estar en contacto con el
cuerpo de Marco. Mis brazos se alzaron para cruzarse por detrás de
su espalda y atraerlo hacia mí mientras mi cuerpo se repegaba contra
el suyo encajando de forma perfecta, como si hubiéramos sido hechos
el uno para el otro.
Sus labios tardaron un rato en despegarse de los míos, pero cuando
finalmente lo hicieron tomó mi rostro entre sus manos y con lágrimas
en los ojos pero también con una esplendorosa sonrisa me dijo:
—Me gustas, tontito, me gustas como nunca me ha gustado alguna otra
persona.
Y le creí. Le creí mientras sus labios se posaban ahora con más
dulzura sobre los míos, dándome un beso más tierno al principio,
mientras su aliento se mezclaba con el suyo y mi lengua se encontraba
tímidamente con la suya. Le creí mientras él me jalaba suavemente
hacia el baño para después meternos a un cubículo y quedar
arrejuntados en el espacio que quedaba entre el inodoro y la puerta.
Sus manos se metieron por debajo de mi playera, provocando
escalofríos en cada pedazo de piel que tocaban. Yo me las arreglé
para meter mis manos entre nosotros y comenzar a desabrochar su
camisa. No éramos nosotros quienes hacían todo aquello, era el
deseo contenido por mucho tiempo en nuestros corazones, el deseo de
poseer y entregarte a una persona especial.
Mis labios recorrieron el trecho que había entre su boca y su
barbilla, la cual él levantó para darme más fácil acceso. Era una
sensación curiosa la que originaba su barba que volvía a crecer
después de una rasurada. Mi boca se deslizó por la línea de su
mandíbula lentamente para finalmente llegar a su oreja al mismo
tiempo que terminaba de desabrochar el último de los botones de su
camisa. Mi lengua comenzó a recorrer las líneas de su oído
apoderándose de cada rincón mientras mis manos recorrían aquel
fabuloso abdomen con el que siempre había soñado.
Marco no se quedó atrás. Mientras yo besaba su oreja y él me
seguía acariciando por debajo de la playera se acomodó de tal
manera que sus labios tenían contacto con mi cuello. Lo besaba, lo
recorría suavemente con la lengua, me mordía ligeramente y en un
momento hizo un movimiento de succión que estaba seguro que me
dejaría marca.
—Ay —me
quejé sin poderlo evitar mientras soltaba su oído.
—¿Qué sucede? —me
preguntó él con una pícara sonrisa mientras ponía su rostro
frente al mío.
—Sé más cuidadoso, por favor —le
pedí sintiendo que me perdía en su mirada.
—Lo intentaré —contestó
él mientras sus manos se deslizaban hacia arriba arrastrando la
playera en el camino.
Levanté mis brazos para que él pudiera sacar la playera por
completo, dejando a la vista mi cuerpo delgado. Si bien no tenía
muchos músculos que se marcaran estaba orgulloso de mi abdomen plano
y mi cintura definida. Marco parecía maravillado ante la escena.
Yo también tenía ganas de descubrir que tenía debajo de la ropa.
Su camisa colgaba de manera que no dejaba ver mucho, así que la tomé
de los bordes para jalarla hacia atrás y podérsela quitar.
Me gustó lo que vi. Pectorales definidos y cintura que se
estrechaba, aunque no tan delgada como la mía. Y todo en aquel
impactante tono moreno que tanto me gustaba. Toqué tímidamente su
pecho con mis manos. Aún me costaba creer que todo eso estuviera
frente a mí.
—¿En qué piensas? —me
preguntó él acariciando mi mejilla.
—Todo esto me parece un sueño —le
contesté.
—En todo caso un sueño hecho realidad —me
respondió él.
Sin despegar su mano de mi mejilla me volvió a besar. Esta vez
nuestras lenguas fueron más atrevidas, casi como si quisieran
conocer la cavidad oral del otro por completo. Además, la sensación
de mi piel contra la suya era sumamente placentera y cada roce de
nuestros brazos, pechos y abdómenes producía una descarga eléctrica
que parecía conducirse directamente a nuestras entrepiernas,
originando que algo en la zona reaccionara y comenzara a ganar
dureza.
—Llevo soñando con esto tanto tiempo —le
susurré mientras mis labios recorrían su cuello hasta llegar a su
clavícula.
Él presionó mis brazos entre sus dedos mientras soltaba un ligero
gemido. Evidentemente le gustaba. Hice que mis manos recorrieran
aquel vientre a lo largo y ancho, entreteniéndose con los pocos
vellos que corrían debajo de su ombligo, justamente hasta toparme
con su pantalón. Tomé su cinturón para desabrocharlo, pero él me
detuvo tomándome de las manos.
—Espera, quiero hacer algo antes de eso —me
dijo con una sonrisa bastante coqueta.
No pude hacer más que dejarlo hacer mientras él me hacía dar
vuelta y se repegaba contra mi espalda mientras me abrazaba por la
cintura. Él inhaló y exhaló con fuerza justamente contra mi nuca
produciéndome una sensación placentera con su aliento que se
mezclaba entre mis cabellos. Además, debía confesar que me excitaba
grandemente sentir aquel rico bulto pegándose contra mi trasero.
Nunca un pene me había prendido de aquella manera sin siquiera salir
de su pantalón.
—Me gusta tu espalda —me
dijo Marco tras separarse un poco, aunque guardando el contacto con
mi trasero.
Sus dedos recorrieron mi columna vertebral con suavidad y yo no pude
evitar retorcerme un poco mientras un suspiro de satisfacción surgía
de entre mis labios. Aquella siempre había sido mi zona erógena por
excelencia. Él soltó una ligera risita mientras sus manos recorrían
mi espalda. El placer era sencillamente increíble y no sabía bien
si quería huir de eso o continuar sintiéndolo. Era demasiado
placentero y no estaba seguro de poder manejarlo. ¿Podría haber
algo que me gustara más que eso?
Quizás su lengua deslizándose por mi espalda sería la respuesta a
esa pregunta. Solté un fuerte gemido mientras me repegaba contra el
muro intentando escapar de aquello, pero él me siguió,
aparentemente indispuesto a separar su boca de mi piel. Yo empecé a
gemir sin pudor con fuerza mientras su boca recorría suavemente mi
espalda hacia abajo, y fue una suerte que no hubiera nadie más en el
baño. O quizás la fortuna había sido que quien quiera que
estuviera presente había decidido hacerse de la vista gorda.
Él recorrió de regreso el camino desde mi espalda baja hasta mi
cuello, tras lo cual volvió a repegarse contra mí y colocó su boca
cerca de mi oído.
—¿Quién diría que tienes una espalda tan sensible? —dijo
él mientras que con su simple aliento me provocaba escalofríos.
De hecho, él era la segunda persona que lo descubría y la primera
no lo había logrado tan rápidamente.
—Date la vuelta, por favor —me
pidió él tomándome de la mano.
Yo me di la vuelta mientras él se sentaba sobre el retrete. Al verlo
ahí con el torso desnudo pensé que nunca en la vida había visto
nada tan sexy como eso.
Él puso sus manos sobre la abertura de mi pantalón y, mientras que
con una mano desabrochaba el botón, con la otra bajó la cremallera
con un movimiento fluido.
—Me pregunto si serás tan sensible en esta zona como lo eres en la
espalda —expresó
Marco acariciando mi pene, el cual ya se encontraba totalmente duro,
por arriba del bóxer.
—Un poco menos —le
contesté yo mientras me perdía en sus ojos oscuros.
Él tomó el borde de mi pantalón y bóxer para bajarlos al mismo
tiempo, dejando libre y apuntando hacia arriba a mi pene erecto. Él
lo agarró con una de sus manos y jaló el prepucio completamente
hacia atrás mientras lo contemplaba con fascinación. Mi pene no
será muy grande, pero ya me habían dicho que tenía buena forma y
grosor. A mí en lo personal me gustaba y aparentemente a Marco
también.
Él sostuvo mi tronco con su mano derecha mientras acercaba
lentamente su boca a mi glande. Sacó su lengua de tal manera que
aquello fue lo primero en hacer contacto con mi pene. Empezó con
suaves lamidas en toda la superficie del glande deleitándose con
aquello. Movió su lengua alrededor del orificio de mi uretra para
después intentar meterla por ahí. Nunca me habían hecho algo como
eso y mi pene intentó dar una ligera sacudida por el gusto.
Después de eso él formó una O con sus labios mientras bajaba la
mano hacia la base de mi polla e introducía esta en su boca. Mi
pequeño amigo sintió en cada centímetro de su superficie sus
dulces labios mientras se perdía dentro de aquella cavidad oral
húmeda y cálida. Además, resultó que su lengua se movía tan bien
adentro como lo hacía afuera, por lo que la sensación era realmente
magnífica. Tanto, que cerré mis ojos para poder concentrarme más
en ella y eché la cabeza involuntariamente hacia atrás al mismo
tiempo que mis manos buscaban la pared a mi espaldas para tener un
punto de apoyo.
Mi polla terminó de entrar completamente en su boca. Quizás fuera
que lo había hecho lentamente o que Marco tenía práctica con
aquello, pero en ningún momento me dio la impresión de que tuviera
arcadas o algo así. Yo no lo obligaba a nada y aún así tenía su
nariz pegada a mi pubis, mientras su lengua se enrollaba con maestría
alrededor de mi tronco encerrado en su boca.
Sentí su cabeza retirarse mientras la punta de su lengua presionaba
la línea inferior de mi pene. Se movió hasta solo tener la cabeza
dentro de su boca. Yo abrí los ojos y volteé a verlo. Se veía
tremendamente erótico así, con mi glande dentro y su tierna mirada
clavada en mis ojos. Y el tacto de su lengua moviéndose nuevamente
en la superficie de mi glande era también igual de placentero.
Sus labios volvieron a recorrer el camino hacia mi pubis y yo volví
a cerrar los ojos embriagado por la sensación. Pero eso no era todo.
Sentí también como una de sus manos se deslizaba por mi pierna,
después por mi nalga hasta rozar con sus dedos mi orificio anal.
Acarició mi pequeño agujero con uno de sus dedos mediante
movimientos circulares, primero muy ligeros pero con un aumento de
presión gradual, lo cual llevó finalmente a que mis músculos se
distendieran y su dedo pudiera comenzar a entrar en mi interior. Era
algo molesto sin lubricación aparte, pero mi nivel de excitación
estaba tan alto que no me importó sentir como su dedo se hundía
lentamente en mí.
Mientras aquello acontecía su boca volvió a separarse de la base de
mi pene, esta vez para que éste saliera por completo de su interior.
Pero no fue desagradable porque se puso a lamer mi tronco hacia
abajo, dirigiéndose hacia mis testículos. Su lengua recorrió
suavemente cada una de mis bolas, lo cual se lo agradecí porque
tenía una gran sensibilidad en la zona. No ansiaba que ocurriera lo
que había sucedido con la espalda.
Con cuidado se metió cada uno de mis testículos a su boca,
saboreándolos y dejando mis vellos púbicos impregnados de saliva.
Aparentemente tenía la boca hecha agua de manera literal. Primero
fue el derecho y luego el izquierdo, para luego intentarlo con los
dos al mismo tiempo.
Pero aquello no fue lo único que involucró pares en ese momento.
Gemí con fuerza mientras un segundo dedo se abría paso en mi
interior acompañando al primero. Creo que si en ese momento no se
hubiera puesto a acariciarme con la mano que tenía libre una de mis
piernas aquello habría perdido el componente placentero. Pero su
mano acariciando mi pierna con firmeza y su boca masajeando
suavemente mis testículos bastaron para mantener excitado.
Él giró lentamente sus dedos dentro de mí, primero para un lado y
luego para el otro. Quizás haya sido solo la impresión, pero en ese
momento hubiera jurado que también se clavaron más dentro de mí
mientras él separaba su boca de mis genitales.
Nuestras miradas se cruzaron mientras yo gemía levemente a causa de
las cosquillas placenteras que sentía en mi recto, causadas por el
movimiento de sus dedos.
—Tengo ganas de penetrarte —me
dijo.
—Sería un placer —le
contesté sintiendo un escalofrío que recorría mi médula, el cual
fue especialmente fuerte al final de esta.
Él torció el gesto mientras sacaba con cuidado sus dedos de mi
interior.
—No traigo condones —comentó
él en tono frustrado—.
No tenía ni idea de que algo así sucedería.
Preocupado por la protección. Aquel chico cada vez me gustaba más.
Me había topado con otros hombres que con la calentura del momento
se olvidaban del condón o hacían caso omiso de él a propósito.
—Bueno, estamos de suerte porque yo no salgo sin esto —dije
sacando mi condonera.
Su rostro se iluminó mientras se ponía de pie, originando que mi
corazón diera un vuelco. Realmente Marco podía emocionarme con
cualquier pequeña cosa que hiciera, ya fuera una sonrisa, una
mirada, una caricia o simplemente parándose frente a mí con aquel
cuerpo que me fascinaba.
Él empezó a desatarse el cinturón para que después yo le ayudara
a bajarse el pantalón. Llevaba una trusa que resultaba tremendamente
sexy al dejar ver sus piernas macizas y resaltar su pene totalmente
erecto.
Sonreí con esa imagen, él hizo lo mismo y después me besó con sus
dulces labios, que permitían el acceso de mi lengua para enredarse
con la suya. Nuestros cuerpos quedaron pegados, nuestros penes
rozándose con solo la tela de su ropa interior de por medio, la cual
desapareció tras un ligero movimiento que él realizó con su mano.
Su pene se introdujo en el hueco que quedaba entre mis piernas,
rozándome el perineo. Yo recorrí su espalda con mis manos hasta
llegar a aquel traserito que me volvía loco. Mis dedos se deleitaron
recorriendo su superficie y aquello se volvió el paraíso cuando él
empezó a realizar movimientos hacia enfrente y hacia atrás con su
cadera. No solo era su pene frotándose entre mis piernas y mi
perineo, también era la sensación en mi polla cuando su abdomen la
presionaba contra mí además de su boca recorriendo la mía.
—Podría estar así por siempre —me
dijo él mientras nos dejábamos de besar, pero sin perder el
contacto con el resto del cuerpo.
—¿Y qué pasó con la idea de penetrarme? —le
pregunté pegando mi nariz a la suya—.
Digo, no es que me queje, porque la verdad esto se siente de
maravilla.
Él solo me sonrió antes de separarse de mí para hacerme dar la
vuelta. Le pasé el condón y él se lo colocó con cuidado. Yo puse
mis manos contra el muro para tener donde apoyarme y él guió con
cuidado su pene hacia mi pequeño agujero. Sentí como su glande
rozaba mi orificio anal y sentí que mi cuerpo temblaba, aunque no
sabía si de emoción, miedo o placer. Marco empezó a aplicar
presión, hasta que su amiguito comenzó a entrar en mi recto.
Mentiría si dijera que aquello fue totalmente placentero. Sí, había
placer, pero iba acompañado de molestias y algo de dolor mientras
cada centímetro de su polla se perdía dentro de mí. Sin embargo,
ni él se detuvo ni yo hice nada por detenerlo hasta que sentí que
sus caderas chocaban con mi trasero. Tenía su pene totalmente dentro
de mí y, aunque sentía una ligero de ardor, también tenía cierta
sensación de plenitud que nunca había experimentado.
Temí que fuera a empezar rápidamente con el mete y saca, pero Marco
no hizo intento de salir de mi interior. En lugar de eso me abrazó
por la cintura y recargó todo su cuerpo en mi espalda, pegando su
boca en mi cuello.
—Nunca había sentido algo como esto —comentó
él mientras su aliento me acariciaba el cuello.
Creía saber a qué se refería. El sexo era placentero por sí
mismo, yo lo había descubierto con otros hombres, pero ahí había
algo más, un saborcito que jamás había experimentado. Como las
especias que agregas a un platillo; el platillo era el mismo, pero
había algo más que realzaba el sabor y lo volvía algo soberbio.
Sin retirarse de mi espalda él comenzó a sacar lentamente su pene
de mi interior. Sentí que salía casi por completo antes de volverse
a introducir hasta el fondo. Primero lo hizo lentamente, pero cada
vez que lo hacía aumentaba la velocidad. Me sentí transportado al
cielo y me hubiera encantado que su pene pudiera clavarse más dentro
de mí.
Una de sus manos se movió dirigiéndose hacia mi entrepierna para
tomar mi pene, el cual se encontraba totalmente erecto. Aquello no
sucedía muy a menudo cuando la hacía de pasivo. Podía mantenerlo
semierecto, pero rara vez tan duro como lo tenía en ese momento.
Marco comenzó a masturbarme al mismo ritmo que me penetraba. Mi
respiración se aceleró como nunca lo había hecho y me hubiera
gustado en ese momento permanecer así por siempre. No obstante, un
calorcito empezó a expandirse por todo mi cuerpo y, aunque intenté
contenerme, no podía luchar contra el placer que me producía su
cuerpo unido al mío de manera tan íntima, por lo que acabé
eyaculando con fuerza sobre su mano. Él siguió frotando mi pene
hasta que la última gota de semen hubo salido.
Inhalé profundamente esperando sentir el descenso de mi placer
mientras Marco me seguía penetrando. Después de todo, aquello era
lo que le sucedía a cualquier hombre, ¿no? Sin embargo, aquello no
ocurrió. Si bien no era tan poderoso como en el clímax, el placer
se encontraba todavía presente mientras él me seguía penetrando.
Marco hizo unos cuantos movimientos más, hasta que enterró su pene
lo más hondo que pudo en mi culito y me abrazaba con fuerza. Pude
sentir con claridad las pequeñas convulsiones que indicaban que se
estaba viniendo dentro de mí.
Su respiración comenzó a normalizarse, aunque él no hizo ningún
movimiento para salir de mí ni yo quería que lo hiciera. Se estaba
muy a gusto con sus brazos rodeándome y su pene y mi culo
conectados.
—¿Ahora me crees que quería estar contigo? —me
preguntó él quedamente al oído.
—Sí —le
respondió mientras le acariciaba los brazos—.
Espero que esta haya sido la primera de muchas.
—De toda una vida —afirmó
él mientras sentía su barbilla sobre mi hombro.
En esa posición era difícil voltearlo a ver directamente, pero hice
lo posible para intentarlo hasta que su mirada se topó con la mía.
Sus ojos brillaban de una manera especial al mirarme y estaba seguro
de que mi mirada era muy parecida.
Sonaba bien aquello de toda una vida. Y quizás aquel día aún
quedara tiempo para la segunda de todas las veces que lo haríamos.
~~~
Bueno, ahí estuvo el relato de este mes. ¿Qué les pareció? Sé que les debo la continuación de la primera parte del relato que publiqué el mes pasado, pero preferí publicar este porque la fecha es muy especial para mí. De hecho, este relato lo publiqué justamente hace dos años por primera vez, porque hace cuatro años exactamente conocí a la persona que inspiró este relato. Esa es la razón por la que me salió tan meloso, porque él era un chico con el que no quería solo sexo (aunque también lo quería :P).
Recuerdo que cuando lo escribí un amigo me dijo que las lágrimas en el relato estaban algo demás. ¿Ustedes están de acuerdo con ello? Yo ahora que lo releo creo que mi amigo tenía razón. Digo, me encanta la escena del sexo, pero antes de eso si hay cosas que digo "¿Qué demonios tenía en la cabeza?".
Quizás fuera que aquel chavo en realidad me gustaba. Lamentablemente nunca pude cumplir ninguna de mis fantasías con él. Pero bueno, dicen que las cosas pasan por una razón. Tal vez nunca hice todo lo que quería con él, pero actualmente he conseguido muchas de esas cosas con mi actual novio :3 De hecho, eso fue algo muy curioso el releer este relato y darme cuenta que todas aquellas sensaciones que solo eran fantasía hace dos años se han vuelto una realidad ahora en compañía de mi novio :D
Espero que ustedes tengan alguien que los haga sentir así ;)
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