Mi primera vez en el vapor.
Esto que les voy a contar sucedió hace algún tiempo. Había ido a la ciudad de México a arreglar un asunto, cosa que hice rápidamente, así que me quedaba mucho tiempo antes de regresar a mi lugar de origen. Ese tiempo lo aproveché para visitar algunos centros de interés cultural.
Después de algunas horas de andar de aquí para allá mi cuerpo me pedía a gritos un momento de reposo, así que me dirigí a un parque para poder descansar un rato. Cuando al intentar cruzar la calle me percaté de que del otro lado se encontraban unos baños públicos con servicio de vapor me dirigí hacia allá sin pensarlo mucho. Al entrar me atendieron un señor entrado en años y un muchacho alto, delgado, como de 25 años. Muy amablemente me preguntaron qué servicio deseaba y yo solicité un privado. En seguida me cobraron. Entonces el muchacho se ofreció a acompañarme al privado que me asignaron.
En el trayecto me preguntó si deseaba algo de tomar, a lo cual asentí con la cabeza y le pedí que me trajera una cerveza bien fría. Llegamos al lugar y me abrió la puerta diciéndome "en seguida le traigo su cerveza". Me metí al privado, me quité la ropa y solo me enredé una toalla en la cintura. Al centro del privado se encontraba una plancha de concreto, la cual supuse que se utilizaba para que los clientes descansaran.
Estaba colocando mis pertenencias en un pequeño locker cuando tocaron a la puerta, abrí y ahí estaa aquel muchacho con mi cerveza. La tomé y antes de que me volviera él me dijo:
—¿Quieres que te dé un masaje?
Yo un poco titubeante le respondí que no, pero él insistió diciéndome que el masaje era gratis. Ante tal oferta no pude negarme y acepté. Entonces se acercó a mí diciéndome:
No cierres por dentro, nada más voy por algunas cosas y regreso. Mientras ponte cómodo, ahorita vuelvo.
Tranquilamente me tomé mi cerveza y me recosté sobre la plancha para descansar un poco. Minutos después abrieron la puerta y cerraron por dentro. Yo me levanté y mi sorpresa fue que no solamente era él, sino que venía acompañado por otro muchacho de su misma edad. En ese momento me dijo:
—No te preocupes, es un compañero y viene para ayudarme.
Se presentaron, el chico que me atendió dijo llamarse Juan y su acompañante Arturo, que la verdad sea dicha era muy atractivo. Juan me dijo:
—Nos vamos a poner cómodos.
Y acto seguido empezaron a quitarse la ropa hasta quedar solo en calzoncillos. De esa forma pude admirar sus bien formados cuerpos y unos enormes paquetes debajo de sus calzoncillos. Me pidieron que me recostara boca abajo sobre la plancha para que me dieran un rico masaje. Juan se paró a la altura de mi cintura mientras Arturo lo hacía donde se encontraba mi cabeza y comenzaron, Juan masajeándome la espalda y mi cintura mientras Arturo lo hacía con mi cabeza, cuello y hombros. Eran unos expertos, ya que tocaban partes muy sensibles y esto me calentó muchísimo al grado de tener una erección por la posición en que estaba.
Solo podía ver un poco a Juan y noté que su verga había crecido: parecía una fiera queriendo salir de su prisión. Intencionalmente moví mi mano derecha y alcancé a tocar ese enorme bulto que para entonces estaba completamente duro. Como pude bajé un poco el calzoncillo y saltó una enorme tranca como de dieciocho centímetros, grande y cabezona, la cual tomé con mi mano y empecé a acariciar desde el glande hasta los huevos. Entonces Juan de un tirón retiró la toalla que me cubría y empezó a acariciarme las nalgas y pasando sus dedos por mi rayita buscaba la entrada de mi culo. Mientras tanto, Arturo había dejado de masajear mi cuello, lo cual me extrañó y al volver la cabeza no pude creer lo que estaba viendo. Arturo se había bajado los calzoncillos y junto a mi cara estaba una enorme pinga que realmente rebasaba los veinte centímetros, gruesa y cabezona. Con la otra mano agarré aquel pedazo de carne y con un pequeño movimiento hice que Arturo se acercara un poco más. Cuando la tuve a mi alcance no pude resistir y comencé a besar su enorme glande. Entonces Arturo me dijo:
—¡Cómetela, pinche putito!
Abrí la boca lo más que pude y él trató de metérmela, pero solo pudo entrar una parte por lo grande y gruesa que la tenía. Juan hurgaba entre mis nalgas buscando mi hoyito y metiendo uno de sus enormes dedos en mi culo, lo cual me causó un gran dolor. Quise gritar pero la verga de Arturo en mi boca me lo impedía. Así estuvo unos momentos y luego fueron dos dedos los que Juan tenía dentro de mí. Metia y sacaba sus dedos hasta que mi esfínter quedó dilatado. Entonces pararon para acomodarse de tal manera que Juan pudiera ensartarme con su enorme lanza mientras yo le proporcionaba a Arturo una rica mamada.
De pronto sentí cómo Juan lubricaba con saliva mi ano y al momento sentí algo duro a la entrada de mi cueva y lentamente Juan fue embistiendo hasta alojar la cabeza de su pito dentro de mí. Sentí que me partía en dos y quise zafarme, pero Juan se aferró de mí fuertemente. El dolor era tan inmenso que hasta unas lágrimas rodaron por mis mejillas. Quería gritar pero la verga de Arturo en mi boca me lo impedía.
Cuando mi esfínter se acomodó a esa enorme cabeza, Juan dio una embestida más fuerte hasta alojar toda su barra candente dentro de mí. Sentí cómo empezó a bombear lentamente. El dolor iba desapareciendo poco a poco hasta convertirse en un inmenso placer, ese placer de tener dos ricos caramelos dentro de mí. Juan aceleró sus movimientos y supe que eso indicaba que pronto terminaría. Así fue, descargó dentro de mí torrentes de leche caliente que quemaban mis entrañas al tiempo que Arturo llenaba mi garganta de rica leche, la cual tragué hasta la última gota mientras yo también me venía a chorros sin siquiera tocarme.
Luego cambiaron de posición. Arturo quiso que lo cabalgara y Juan que se la mamara. Así estuvimos, yo cabalgando a Arturo y mamándosela a Juan, hasta que terminaron nuevamente.
Después de bañarnos se despidieron con una gran sonrisa y diciendo:
—¡Qué rico lo haces!
Esperé un poco más para descansar, luego salí de ahí con el culo adolorido, pero feliz de haber vivido una experiencia como esa.
Javier
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Bueno, ahí estuvo el relato de este mes. Fue publicado originalmente en la revista Atracción Para Hombres No. 182 en diciembre del 2007. ¿Alguna vez conocieron esa revista? A mí me encantaba. Era la única que podía conseguir seguidamente y sin interrupciones. Además, contenía buenos relatos como el que les muestro aquí y también buenas imágenes, pero también incluía información interesante sobre muchos aspectos de la vida gay. La verdad sentí muy feo cuando dejó de salir. No hay ninguna publicación que pueda llenar el hueco que dejó en mi vida.
Pero bueno, afortunadamente llegué a recolectar un buen número de estas revistas antes de que dejaran de salir y las poseo como un recuerdo de esa época. Este relato en especial quise compartirlos hoy porque creo que es algo muy excitante, ¿no les parece? A mí me llevaron a vapores un par de ocasiones y la verdad me gustaba mucho hacerlo entre el vapor. Y me excita mucho la idea de que cuando menos lo esperas te llegué la oportunidad de tener sexo. ¿A poco no?
¿Han tenido experiencias así? ¿Por qué no nos las comparten a través de nuestra página de Facebook? Vamos, necesitamos material para compartir con los seguidores y para postear a finales de mes por aquí.
Por cierto, he de decir que aunque fue cansado copiar este relato de la revista a la computadora, la verdad es que la edición no costó nada de trabajo. Solo necesitó de cambios menores, porque el original (si alguna vez pueden verlo o lo vieron) estaba muy bien escrito.


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